jueves, 19 de octubre de 2017

Retrato en la afinidad


Laura Aquilina al lado de una ventana, en su cuarto. 2009. Neg 6x6


Hace varios días que vengo preguntándome una vez mas, de tantas veces antes, por qué retrato a quienes he retratado. La manera que tengo de agrupar en mi mente a algunas pocas personas que he retratado es por el sentimiento que me une a ellas. Las conozco si. Las conozco en intimidad también. Las admiro en todos los casos. El retrato como práctica cultural es un acercamiento a la descripción y representación de un individuo en como se asemeja a otros y como se diferencia de ellos. También es cierto que cada representación tiene la posibilidad de individualizar y ficcionalizar. A partir de una descripción un espectador puede sustituir a la visión del primer espectador, siendo este en mi caso el fotógrafo, e imaginarse posibilidades de la persona individual, a partir de la imagen. Me quedo divagando un rato sobre lo que trato de decir con individualizar, lo que sería el contrario a despersonalizar, en vez de quitarle el carácter y los atributos personales a alguien, es buscarlos, no necesariamente encontrarlos, a través del acto del retrato.  
Entre las cosas que me agradan de la intimidad que tengo con quienes retrato es la proximidad, la cercanía, no solo física sino emocional, hay algo de esto plasmado en los contactos de las miradas, en la cercanía de las escenas, en la disposición ante la cámara. A veces me digo que de lo que mas disfruto de retratar a algunas personas en específico, es que es una manera sincera de hacerles sentir y saber que las amo, mi curiosidad comienza por una mirada amorosa. Y en esto me refiero que con la cámara y con el retrato en mente quiero imaginarlos y con la mirada prestar atención, estar presente, querer a esa otra persona que tengo la dicha y suerte de tener en frente. No es que haya una respuesta lógica, en el retrato la pregunta es a veces precisa, la respuesta probablemente imprecisa, pero hacer la pregunta es el punto de partida del retrato. Amar a veces es sentir una afinidad y empatía por alguien distinto a ti. Y este amor se manifiesta de distintas maneras, en amistades, hacia los hijos, la familia y la persona amada. Quizás de aquí se desprenda una ética personal a la hora de hacer el retrato, para citar una vez mas a Terrence Malick ¨to live better and to love more. (…) What else is there to ask for¨ Si tan solo a través de la mirada personal se pueda invitar a otra mirada a sentir similar, a descubrir en este acercamiento con el lente la profundidad del sentimiento que une al retratista con la persona retratada. Cuando se ven las fotos de Sally Mann de sus hijos uno se puede imaginar como detrás de esas fotografías hay una mirada apasionada y curiosa, que no define en ningún momento a sus hijos sino que les brinda siempre el espacio para ser y estar, apreciados por la mirada de la madre, que es a la vez amorosa y sin complacencias, contundente. Y cuando ella misma retrata a su esposo Larry, documentando los avances de la enfermedad degenerativa que él sufre, uno puede ver entre tantas cosas el deseo y la lujuria, la proyección del amor carnal entre ellos, mezclado con la degeneración física y el inevitable encuentro con la muerte de ese cuerpo… un reto díficil, tan solo me imagino que su mirada es posible gracias a la intimidad y la empatía, y los sentimientos que están detrás de ambos y los unen. Y es a través de esa mirada que uno como espectador se encuentra con una ventana hacía la humanidad de sus sujetos, seres amados. 
Es tan grato cuando se puede ver una foto de una persona y sentir que tienes a la persona en frente, y haces todo por imaginarla tal cual es, por más que una fotografía y un retrato, menos mal, no son la persona misma. Esa comunicación que puede estar presente en el retrato se hace tanto más latente cuando no es uno sino varios retratos a través del tiempo. Quien entre nosotros no está a la espera todos los años del nuevo retrato anual de las hermanas Brown hecho por NIcholas Nixon, o quienes entre los espectadores se conmovió para su propia sorpresa por el fallecimiento de Eleanor Knapp musa y compañera de Harry Callahan cuando falleció hace unos años o recientemente en el 2016 la triste partida de esta vida de Emmet hijo de Sally Mann. Hay algo de estos retratos que permiten adentrarse en una humanidad cálida y creible, casi sin distancias. A veces tan solo de esto se trata: encontrar cercanía y sentir sin mesura. De que serviría toda esta ficción si de ella no se desprendiese una afirmación profunda de la vida misma. En esta redundancia como un mantra: “to live better and to love more (…) what else is there to ask for“  Ya la tengo por respuesta. 
A ti, gracias infinitas nuevamente por el impulso.





Laura Aquilina entre tareas. 2013. Neg 6x6




Laura Aquilina muestra un poema. 2016. Neg 6x6







Laura Aquilina con "espacio para la miradad perdida". 2016. Neg 6x6

lunes, 9 de enero de 2017

Sobre Laura Aquilina, Win Wenders, Chazelle, Ozu y lalalalalalalala


Laura Aquilina flotando en el Simón Bolívar.  Negativo a color 6x6. Bogotá, Diciembre de 2016

Hoy me he levantado y leído la noticia de que la película Lalaland ha ganado todos los premios a la cual fue nominada. Me entero hoy ya que rara vez veo en vivo estas premiaciones. Creo que me divierto mas leyendo a un par de amigas, con unas chispas de alma reencarnada de Joan Rivers, burlarse o apreciar la superficialidad de mucha gente que ni siquiera se que existen pero que caminan por una alfombra roja. Ellas son realmente agudas y graciosas y malucas y esplendorosas en su cuchicheo chismográfico público. En cualquier caso me alegro sin reservas por la película de Chazelle, en quien reconozco a un gran nostálgico por el siglo XX y por algunos de sus mejores capítulos: la era de oro de Hollywood de los años 50, la fotografía de película y el Jazz, de quien siempre dice que se está muriendo. La película celebra esta nostalgia e invita sin reservas a celebrar la vida, el amor, la creatividad. 

Eso me ha llevado todo el día a escuchar a Elle Fitzgerald, Louis Armstrong, Gene Krupa y  Charlie Parker. También pasé por unos valses de Strauss, un disco de Tindersticks: The hungry Saw, otro mas de This Mortal Coil: It will end in tears y ahora voy por unas sonatas de Beethoven ejecutadas en el piano por Wilhelm Kempf, y toda esta música ha acompañado una larga sesión de edición y revisión de retratos, algunos recientes y otros de antaño, suscitando múltiples ideas que trato de traducir en decisiones de edición.

A principios de la vacación tuve que dejar estacionado, inconcluso, sostenido y suspendido en un punto y seguido a un ensayo escrito por Wim Wenders titulado Yasujiro Ozu: El Paraíso Perdido. Digo que lo estacioné pero fue mas bien una manera de hacer un ciclo de reiteración en mi interior por algo que leí e hizo resonancia y reverberación,  y mientras mas pensaba en ello mas sentía la necesidad de hilarlo con otras lecturas e impresiones, sabía que algo comprendía con la intuición, mas allá de lo que estaba entendiendo en la lectura inmediata y primeriza. Allí quedó con sus estelas en eco permanente, comencé a hacer retratos con fervor durante las semanas venideras que ahora son pasadas, la lectura de sustitución fue El libro del desasosiego de Fernando Pessoa y del cual lo primero que subrayé para luego regresar sobre mis pasos fue "El corazón, si pudiera pensar, se pararía" y hoy una vez mas al ver este retrato que aquí muestro vuelvo a revisar el ensayo de Wenders y culminarlo con una cierta intención de escribir  un poco sobre ello, así sean estas notas inconexas que ilustran un poco el tren del pensamiento y que también entendí hoy al ver un video de Roman Coppola de Phoenix "Funky Squaredance" y que se encuentra en la colección permanente del Moma...

"Todo era simple y evidente
(y precisamente esa sencillez
era la que se había perdido junto con el paraíso).
Nos hemos desacostumbrado a ver un flujo de imágenes
que no tenga nada que ocultar
y que, en lugar de insinuar otro significado,
quiera decir todo lo que nos muestra.
Estamos acostumbrados a desarrollar automáticamente una especie de distancia irónica entre nosotros y lo que ocurre en la pantalla.
Pero en las películas de Ozu
no existe necesidad alguna de ironía, ni de abstracción.
Por el contrario.
Esas películas quieren que nos desprendamos de nuestros preconceptos
y que revisemos nuestras expectativas.

Desde una perspectiva artística contemporánea
esa mirada puede parecer ingenua,
tanto por parte del narrador como de lo narrado" (...) WW

Y ya finalmente repuesto de la lectura y en revisión y reflexión de mis mejores intentos de realismo en la fotografía, solo me queda por pensar y evocar lo que me parece un retrato cristalino, sin velo en la observación, esa transparencia entre quien mira y quien se deja ver. Como que si el único gusto y deseo fuese la repetición: revivir una y otra vez el momento, la mirada.